Agricultura Orgánica

< Home >
< Regresar a Agricultura Orgánica >

Introducción

Cuando se habla de ecología y medio ambiente, de la peligrosidad de los residuos atómicos, de la tala irracional de los bosques, de las aguas contaminadas o de la extinción de especies, muchas veces nos olvidamos de las masivas pulverizaciones con productos químicos que reciben los suelos y las plantas, desequilibrando los ecosistemas y afectando la calidad de vida de todos los seres vivos.
Cuando los seres humanos, por ignorancia o por negligencia, incorporan agroquímicos (herbicidas, fertilizantes, plaguicidas, etc.) a los cultivos, no sólo deterioran la vida del suelo al alterar su equilibrio natural, sino que también contaminan a los vegetales y a los consumidores de éstos: animales y seres humanos.
Además de trabajar para recuperar el equilibrio biológico del suelo, la agricultura orgánica ha desarrollado algunos métodos para el control de plagas y enfermedades que en la práctica resultaron ser ~ muy efectivos. El buen tratamiento del suelo, con herramientas y maquinarias apropiadas, las prácticas de mulching o coberturas, el uso de preparados no-contaminantes para proteger a las plantas, las incorporaciones adecuadas de materia orgánica al terreno, una buena diversidad y asociación de especies y una planificada rotación de cultivos, hacen que los problemas causados por plagas y enfermedades vayan disminuyendo hasta desaparecer en muchos casos.
Está ampliamente comprobado que un suelo bien nutrido y rico en fertilidad natural, hará crecer plantas más sanas, vigorosas y más resistentes a las plagas y enfermedades e incluso a las adversidades climáticas. De hecho, esto es lo que ocurre en una pradera o bosque natural (donde no existe intervención humana), pues son lugares con una ecología que va regulando los procesos de crecimiento, de manera tal que todo interactúa en equilibrio sin la posibilidad de que surjan plagas, de origen vegetal ni animal.
Recordemos que el reino vegetal no está al exclusivo servicio de la humanidad, sino que también alimenta a infinidad de animales (mamíferos, pájaros, insectos, etc.). También recordemos que la mejor garantía para el consumidor de que una verdura es orgánica está en las comeduras o agujeritos que se puedan localizar en sus hojas. Tengamos presente que cuando hacemos cultivo orgánico siempre habrá (y es bueno que haya) animalitos diversos que se alimenten de nuestros cultivos (plantas de jardín, huerta, frutales, etc.). El problema a resolver es llegar el agroecosistema a un equilibrio en el cual estos animalitos no se transformen en plaga. Y acá es importante aclarar algo: tal equilibrio lleva, en la práctica, algunos años para que lo podamos lograr. Lo notable es que mientras avanzamos en las prácticas de la agricultura orgánica, la relación entre la producción obtenida y el trabajo realizado es inversamente proporcional. Es decir que con el correr del tiempo van disminuyendo las horas de trabajo que precisan nuestros cultivos y va aumentando la productividad de ellos. Esto ocurre básicamente porque el agroecosistema tiende a autorregularse y autosostenerse en el tiempo.
Revisando un poco los orígenes de las plagas, podemos encontrar en la Biblia algunas citas sobre este tema. Históricamente numerosos autores documentaron la existencia de severas plagas que azotaron pueblos y sembrados -de langosta por ejemplo-. Pero las primeras grandes plagas de insectos en las plantas cultivadas coinciden con el advenimiento de la agricultura industrial a comienzos del siglo XIX. A1 establecer enormes monocultivos en zonas que antes eran ricas por su diversidad, el ser humano ha hecho que una misma especie de insecto se encuentre en grandes cantidades en una plantación uniforme, en lugar de que pequeñas cantidades de numerosas especies se distribuyan entre muchas distintas especies de plantas. Esto es debido, principalmente, a que la mayoría de los insectos tienen una reproducción que es directamente proporcional al alimento que encuentran. El monocultivo abrió las puertas para que aumentaran progresivamente los insectos, exacerbando aun más la relación insecto-planta y al mismo tiempo desequilibrando la relación natural predador-presa.
En la década del 30, con la llamada revolución industrial, mientras los agricultores no sabían más qué hacer con las plagas que exterminaban sus campos, sale a la venta en los Estados Unidos un novedoso agroquímico cuyo ingrediente activo era el dicloro-difenil-tricloroetano: DDT. Se había encontrado "la panacea". Inmediatamente el DDT y sus sucesores, los organoclorados, invadieron los campos cultivados. A los pocos años se comprobó que numerosas especies de insectos habían desarrollado resistencia biológica a estos insecticidas. En el año 1967 el Departamento de Salud Pública y Agricultura de los Estados Unidos informó que 224 especies de insectos habían desarrollado resistencia a la aplicación de agroquímicos, de las cuales 127 especies eran plagas de los cultivos, bosques o productos almacenados.
Además, estos insecticidas no sólo exterminan la plaga en cuestión, también matan a sus enemigos naturales y otros insectos benéficos. Con el tiempo fueron aumentando las plagas y los daños económicos y también aumentaron, debido a la mencionada "resistencia biológica", las aplicaciones de plaguicidas cada vez más potentes y venenosos.
Después de los organoclorados apareció en el mercado una nueva línea de agroquímicos: los organofosforados, mucho más tóxicos que los anteriores. Estos tenían una nueva característica: eran sistémicos, o sea que se alojaban dentro del vegetal circulando por la savia de éste. Los avisos publicitarios de estos productos destacaban: "con alto poder residual" y "no se hace necesaria una nueva aplicación después de la lluvia". Son estos productos organofosforados los que se mantienen por largo tiempo en los suelos y en los vegetales tratados, y cuyos restos persisten dentro de la manzana, el tomate o la hoja de verdura que consumimos.
La agricultura industrial de monocultivo, por la aplicación de los productos agroquímicos ya mencionados, fue progresivamente contaminando los suelos, los cultivos y toda la cadena alimentaria. Mientras, en el agricultor creció progresivamente la dependencia a los plaguicidas, las maquinarias pesadas y las semillas híbridas.
Debemos también conocer un hecho muy grave en relación con lo anterior: muchos de los agroquímicos que se utilizan actualmente en la Argentina están prohibidos o severamente restringidos en otros países del mundo por el daño que producen; tal es el caso del insecticida PARATHION (organofosforado extremadamente tóxico), que se encuentra prohibido en Filipinas, Japón, Hungría, Noruega, Sudáfrica, Turquía y Rusia y con uso restringido en Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, India, Finlandia, Inglaterra, Nueva Zelanda y Suiza. Sería extenso enumerar más ejemplos como el anterior y no está dentro de los objetivos de este trabajo ofrecer datos y detalles sobre los agroquímicos y la contaminación que éstos producen. Los interesados en profundizar este tema, pueden consultar la bibliografía recomendada al final.
Practicar el control orgánico de plagas implica el compromiso de no contaminar la naturaleza, permitiendo que ésta manifieste su poder de autorregulación. La denominada agricultura natural, practicada hace más de 40 años por el japonés Masanobu Fukuoka, es un claro ejemplo de profunda cooperación con los procesos naturales que mejora la fertilidad natural del suelo y la calidad de los productos cosechados año a año. Fukuoka detalla su sistema agrícola en su libro La révolution d'un seul brin de paille (Guy Tredaniel, Editions De La Maisnie, 1983, París, Francia).
De lo anterior podemos deducir que para que exista un control orgánico de plagas es imprescindible que exista policultivo o cultivos mixtos, imitando lo mejor posible la diversidad que tienen los ecosistemas naturales. El ideal de la agricultura orgánica es que no haya ninguna plaga que controlar, pero como ya vimos, esto se logra a través de muchos años de experiencia, a lo largo de los cuales la humanidad controla y desequilibra cada vez menos y la naturaleza controla y equilibra cada vez más.


*
Prólogo


* Reseña de las principales plagas y enfermedades

* Daños que producen las plaga

*
Diferencias entre control orgánico, biológico e integrado

* Plantas compañeras y cultivos asociados

* Preparados de origen vegetal

* Preparados de origen animal


* Preparados de origen mineral

* Productos comerciales aceptados en agricultura orgánica

* Métodos culturales y otras alternativas

* Cebos y trampas

* Control de enfermedades fúngicas por empleo de sustancias
orgánicas y abonos verdes en los suelos


*
Las "malezas" y su importancia ecológica en el control de plagas

* Consideraciones de la Agricultura Biodinámica

* Epílogo

* Bibliografía consultada y recomendada

< Home >
< Regresar a Agricultura Orgánica >